ADICTA AL CAOS

Nunca sabía como empezar una conversación o un escrito conmigo misma y pasé de las cartas perdidas de los amores pasados a cerrar mi boca.

Empecé a desesperarme por querer que mis demonios escribieran lo que tenían por decir, no lograba concentrarme, el frio, el calor, mi cabello, las bendiciones, las responsabilidades, el papel, el lápiz y un teclado táctil no eran suficientes. 

Necesitaba la concentración y esa escalofriante sensación de poner todo en un pequeño fragmento de letritas raras y sin sentido alguno. Buscaba el espacio mas deprimente como mi antigua habitación, la música con notas deprimentes, una madrugada, un coctel, una cerveza o por lo menos media botella de vodka, las fotos y mi corazón a mas de 100; como siempre encontré las palabras para describir como me sentía en ese instante cuando me daba cuenta que era una adicta empedernida al caos eterno y las teorías inconclusas. 

Olvidé el sentido de la oración, de las comas, punto y coma, tildes, y de tener un texto bien escrito, pero aún así me fluía como el agua poner letras con un sentido genuino que venía de mi ser interior. Mi cabeza se detuvo por unos minutos sin saber como continuar con lo que quería escribir o llegar a concluir. 

Pasaron semanas hasta que logre tener un espacio mental para poder comenzar con el vomito de letras que sabia me despejarían la cabeza de todo ese torbellino de nudos que inundaban mi cuerpo con traumas, dolor, inestabilidad, sumisión, depresión, ansiedad, inapetencia, piel reseca, dolor de cabeza, tic en el ojo izquierdo, colon inflamado, sufrimiento, muñecas heridas, respiración agitada, lagrimas hasta el dren y asma. Claro, estamos en la época en que la terapia, psicología, encontrar tu yo interior, los retiros, soltar, amarte a ti mismo es lo que nos hace una persona ideal y lo que nos cura del dolor, pero siendo muy honesta a mi no me ha querido funcionar hablar con un psicólogo para que al final me diga: " agenda la siguiente cita para continuar con el proceso", y claramente empiezo a buscar fechas en las que pueda tener libre de maternidad, trabajo y pendientes que siempre andan sueltos por ahí, pero al final ninguna fecha concordaba con mi rutina, así que lo ultimo que hice fue no agendar nada y seguir analizándome a mi misma y hablándome en otro idioma cada que iba caminando por la calle, tratando de entender mis comportamientos, mi supuesto proceso, mi amor yéndose a la basura, mi agotamiento emocional, mi niñez, mi presente establecido arruinado y mi futuro con el. Y es que durante la famosa terapia yo hablaba de lo mal que pasaba a mi alrededor y la psicóloga al otro lado de la pantalla solo me miraba y no sabia si me estaba prestando atención o solo criticaba en su mente el mueble de la esquina, la planta a punto de morir o de verdad escuchaba todo mi desastre emocional; no se sorprendía de nada de lo que le decía, la señal se perdía, no aconsejaba nada y yo me sentía mas perdida y mas juzgada.

Volvían a pasar días para que yo pudiera tratar de terminar lo que tanto tenia por decir, la ansiedad, el deseo de hacer una llamada y tener respuestas que no quisiera escuchar, además de que vienen de alguien que siempre causaba dudas, queriendo insistir y persistir solo que al parecer era yo la que causaba enfermedad no la que estaba mal. Ya no sabia como terminar un párrafo, una tarea del hogar, una cena, una conversación o una relación; había tenido varios días sin dormir, despertando asustada por sueños con serpientes, desastres naturales y aun peor soñando que trabajaba y llegaba tarde, tan reales y desastrosos como mi rutina actual. La verdad era que a pesar de la búsqueda inalcanzable de paz, estabilidad, amor, tranquilidad, seguridad, familia bonita, un hombre decente, en lo mas profundo de mi alma no paraba de pensar en todo lo negativo a lo que estaba aferrada y que sencillamente no podía salir de ese circulo obsesivo tan asfixiante pero tan emocionante, lleno de un caos emocional que me causaba la sensación de poder sanar, como si tuviera súper poderes que consisten en reparar hombres disfuncionales, abandonados, con adicciones que con mi súper personalidad, amor y mujer perfecta pudiesen arreglarlo y convertirlo en mi mundo ideal. 

Al parecer la adicta era yo, al caos, al desamor, a la nostalgia, a los recuerdos, a la ansiedad, a las dudas, a las preguntas, a mi constante gana de tener la razón y en especial a ese hombre que me obsesionaba con la idea de amarlo hasta el fin de mis días, que me causaban ganas de revertir el tiempo y no haberlo conocido nunca en la vida; como siempre tome el teléfono y marque, del otro lado de la línea era el, odioso, egocéntrico, importaculista, sin sentimientos hacia mi, hice preguntas absurdas con respuestas robóticas y no termino en lagrimas de milagro, ni gritos, pero el no quiso saber mas de mi, ni escucharme, me colgó; quise volver a llamarlo pero parece que aceptaba que tenia una adicción a ser destruida, así que no lo hice y decidí empezar a olvidarlo, solo seguía esperar a que tuviera una recaída o que la abstinencia me invadiera y volvería a regresar a ese camino caótico, solo era cuestión de tiempo.







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